El 1 de enero entró en funcionamiento la Zona de Bajas Emisiones Rondas Barcelona (ZBE), con la finalidad de restringir la circulación de los vehículos más contaminantes en la ciudad. Recordemos que la medida ya se encontraba vigente desde el 1 de diciembre de 2018, pero creemos que el hecho de que no se haya activado en todo este tiempo por la ausencia de lo que se definió como “episodios de contaminación con restricción de tráfico” es bastante indicativo de que los niveles normativos de calidad del aire con los que se trabaja se deberían revisar, ya que son menos restrictivos que los que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pese a lo que sorprendentemente aún dicen algunos políticos “negacionistas”, los estudios científicos demuestran que la contaminación atmosférica de Barcelona provoca muertes prematuras y tiene efectos negativos en la salud. Así, pensamos que la ZBE supondrá sin ninguna duda una mejora de la calidad de vida de la población y además, facilitará el cumplimiento de la normativa europea de calidad del aire, por la que la Comisión Europea ya ha denunciado a España por falta de cumplimiento. Es evidente que la sensibilización y las medidas implementadas hasta la entrada en vigor de la ZBE en materia de mejora de calidad del aire se han mostrado insuficientes para conseguir una calidad del aire adecuada.

Creemos que la ZBE se debe entender como una medida más a añadir a otras, también decisivas, que se están implementando o se deberán implementar en Barcelona para modificar la conducta de los ciudadanos, de las empresas y de los propios servicios de la ciudad respecto a la movilidad. Así, es posible que en el futuro se deba complementar con otras iniciativas, como las zonas de ultrabajas emisiones y los peajes urbanos, de forma similar a como ya se aplica en otras ciudades europeas.

No obstante, la implementación de la ZBE llega sin que se haya producido una mejora específica del transporte público (sobre todo interurbano) y de otras medidas como los aparcamientos de intercambio metropolitano (P+R). Se confía en que la actual oferta de transporte público absorba el incremento de demanda de nuevos usuarios, pero puede ser claramente insuficiente a corto o medio plazo. Esperamos que se produzca la reducción prevista del uso del vehículo privado para los desplazamientos que se hacen en el interior de la ciudad y también el replanteamiento de la movilidad por razones laborales y de ocio en toda el área metropolitana.

Por último, es cierto que la ZBE puede provocar cambios indeseables en la conducta de algunos ciudadanos que deban restringir el uso de su vehículo privado contaminante, pero pensamos que es evidente que el derecho de disfrutar de un medio ambiente adecuado y garantizar la salud de la población es prioritario. A su vez, será necesario ver si las moratorias y las ayudas como la T-verde facilitan el cambio de movilidad, también de las personas con renta baja, minimizando la desigualdad social y el rechazo que pueda haber para una parte de la ciudadanía. Creemos que es necesario que los barceloneses/as se sientan orgullosos/as de los beneficios que la ZBE aporta a la ciudad para asegurar su éxito y evolución en el futuro y evitar posibles fracasos.