En motivo del Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra el 5 de junio, entrevistamos a Jesús Boschmonart, doctor en Ciencias Ambientales y vocal de Universidades e Investigación. Con él descubrimos algunas de las aplicaciones de la investigación en el ámbito ambiental, el porqué de esta investigación y, además, hacemos un breve repaso de su trayectoria.

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, ¿por qué es importante que hablemos de investigación en este día?

Somos muchos los ambientólogos que nos dedicamos al mundo de la investigación y al académico. Estamos en vanguardia generando nuevos conocimientos y procesos que ayudan a la ambientalización de la sociedad y esto creo que se tiene que visibilizar.

¿Tu trayectoria está íntimamente ligada a la investigación, como decidiste orientar-te hacia aquí?

En mi caso, no tenía pensado hacer el doctorado. Ya había acabado los estudios y estaba trabajando en mi primer trabajo como ambientólogo cuando recibí una llamada que me planteaba un nuevo comienzo. Al otro lado del teléfono estaba el Dr. Joan Rieradevall, que había tenido como tutor en el proyecto de final de carrera y que me invitaba a formar parte de su equipo y a hacer el doctorado. Al día siguiente nos reunimos en un restaurante de Bellaterra y se unió también el Dr. Xavier Gabarrell. Me hicieron una propuesta a la cual no pude renunciar, y los estaré siempre agradecido porque me enseñaron muchísimas cosas y me ayudaron a encontrar mi auténtica vocación.

¿En qué consiste tu trabajo actual en Eurecat?

Soy Responsable de Negocio por los sectores recursos, energía y construcción.

Mi trabajo consiste en la conceptualización y diseño de propuestas de investigación tecnológica aplicada, siempre alineadas al ayudar las organizaciones a ser más competitivas y a impulsar la innovación. Trabajo y colaboro con empresas públicas, privadas, pequeñas, individualmente o en consorcio.

Tengo un ámbito de actuación dentro de la sostenibilidad de gran espectro, pues en una organización grande como Eurecat con 650 trabajadores y con unas capacidades únicas, las propuestas que impulso cubren un gran abanico de ámbitos. Muchas de ellas son confidenciales y únicas, pero principalmente las enmarcaríamos dentro del ámbito de la economía circular, la valorización de residuos complejos, los procesos de tratamiento de aguas, la remediación de suelos contaminados, las energías renovables, las baterías de 2ª vida, el desarrollo de nuevos materiales (biopolímeros, textiles, metálicos y cerámicos), la edificación sostenible, la digitalización o la automatización de procesos, entre muchos otros.

Por poner algunos ejemplos que son públicos y conocidos, puedo mencionar:

  • Junto a AMPHOS 21, lideramos el proyecto RIBAS dentro de la iniciativa POSIDON donde estamos desarrollo una nueva tecnología de descontaminación de suelos altamente contaminados por hidrocarburos y metales pesados
  • SARSAIGUA donde con la Agencia de Salud Pública, la ACA, la ICRA y la UB identificamos la posible presencia y las variantes del virus SARS-CoV-2 a varias EDARS a partir del análisis de muestras de aguas residuales

Además de la trayectoria en investigación, has sido emprendedor. Explícanos un poco tu experiencia.

Bien, soy uno de los socios-fundadores de inèdit, empresa de la XAEC (Red Ambiental de Empresas y Entidades del Colegio), donde trabajé desde qué acabé mi doctorado al 2011. Hace tres años, necesitaba mayores retos profesionales y cambié inèdit por Eurecat, aun así, aunque no participo en el día a día de inèdit, sigo siendo socio y colaboro activamente siempre que puedo. Inèdit fue una experiencia vital que me permitió aprender muchas cosas y es un ejemplo muy potente del que los ambientólogos podemos hacer, también en el ámbito de la investigación aplicada, pues es una spin off de la UAB impulsada por doctores.

La investigación no se hace solo desde la academia, sino que muchas empresas dedican una parte muy importante de su tiempo a hacer proyectos de R+D+I.

¿Por qué es necesario impulsar la investigación ambiental?

Seguramente porque todo lo que son tecnologías o iniciativas ambientales son todavía incipientes. Estamos transitando hacia nuevas maneras de hacer, y hace falta investigación. Nos permite tener mucho más conocimiento del que teníamos.

¿Qué aportaciones destacarías de la investigación ambiental en nuestra sociedad? ¿Qué podemos aportar los ambientólogos y ambientólogas en la investigación?

Hay tantos campos en los que se hace investigación ambiental que es complicado sintetizar qué aportación social tiene. Muchas veces, la investigación ambiental nos sirve para anticipar escenarios futuros, por ejemplo, a través de los registros paleo climáticos podemos reconstruir la historia del planeta y prever las posibles evoluciones del cambio climático, o investigando sobre el ciclo de vida de los productos podemos mejorar su impacto, o investigar bacterias que transforman residuos orgánicos nos puede ayudar a generar nuevos bioplásticos. Creo que podríamos encontrar miles de ejemplos de cómo la investigación en medio ambiente contribuye positivamente a mejorar la sociedad.

También has ejercido como profesor asociado en varias universidades, ¿qué te aporta esta experiencia?

Por mí, todo lo que yo aprendo me gusta transferirlo, ya sea a las empresas (mi trabajo) como a mis alumnos o incluso a la sociedad vía actividades de divulgación. Creo en el conocimiento compartido, abierto y público.

Y, previamente, ¿por qué decidiste estudiar Ciencias Ambientales?

Cuando tuve que elegir no tenía nada claro qué quería hacer, entré en la primera opción que era hacer ambientales en la UAB, pero dentro de mi lista de posibles estudios hubo opciones como Turismo, Geografía, Geología, o incluso Filosofía. Lo que siempre me ha gustado más de las titulaciones en el ámbito ambiental es su enorme transversalidad, me interesan tantas cosas diferentes que creo que solo estos estudios podían satisfacer tantas expectativas. Me enganchó tanto, que cuando acabé la licenciatura, hice un máster y posteriormente, como ya he explicado, un doctorado al ICTA.

¿Cuándo y por qué decidiste formar parte del COAMB?

Entré en el COAMB ya hace más de 10 años, justo cuando estaba acabando los estudios. Creo que es necesario pertenecer a una organización profesional que representa nuestros intereses, porque seguro que tarde o temprano tendremos necesidades con las que lo COAMB nos ayudará: desde necesidades formativas, hasta representarnos como colectivo para defender nuestra profesión, como ayudar a mejorar la inserción laboral, entre muchos otros.

¿Cómo llegas a la vocalía de Universidades e Investigación?

Ya me habían tentado otras veces para entrar en la Junta, pero desgraciadamente no encontraba el tiempo y el momento para poder contribuir. Esta vez fue diferente porque con la actual presidenta, Lorena Vela, nos conocemos de toda la vida, y tenía muchas ganas. Por otro lado, me gusta la idea de llevar la vocalía de investigación porque somos muchos los ambientólogos y ambientólogas que nos dedicamos a generar y transferir conocimiento, y creo que es importante vincular la profesión con los estudios y la investigación.

¿Qué dirías a los compañeros y compañeras de profesión para que se animen a participar en el Colegio?

Conozco a muchos compañeros que no participan activamente o que con los años se han dado de baja del Colegio. Creo que el COAMB ayuda a dignificar y a conocer nuestra profesión, que a pesar de que ya tiene unos cuántos años sigue siendo desconocida por la gran mayoría de la sociedad. Otros colectivos profesionales tienen un fuerte reconocimiento hacia su colegio profesional o están obligados a estar colegiados para ejercer, creo que todos tendríamos que tomar conciencia y ver una gran oportunidad al participar de una manera más o menos activa según la disponibilidad de cada cual.

Y a los jóvenes que justamente empiezan los estudios de Ciencias Ambientales, ¿qué consejos les darías?

Les diría que paciencia, probablemente tenemos muchos aspectos para mejorar: sueldo, valoración social, el reconocimiento profesional que tienen otras titulaciones, acceso a la función pública, etc. Pero seguimos siendo la profesión del futuro, de hecho, la transformación mundial sostenible apenas empieza, y necesitaremos generaciones potentes de ambientólogos como mínimo los próximos 50 años para revertir la situación de emergencia climática en la que nos encontramos.