Hablamos con Víctor Mitjans, responsable del servicio de programas y estudios del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) sobre el nuevo Programa del ente metropolitano de gestión de residuos (PREMET25). Mitjans desgrana en esta entrevista los objetivos que persigue el Plan, el estado actual de la gestión de residuos y nos explica como tendría que ser el modelo ideal en el futuro.

  1. Como jefe del servicio de programas del AMB, has liderado el proyecto del PREMET25. ¿Cuál es la principal innovación del Programa en cuanto a la gestión de los residuos?

El PREMET25 se enmarca en el cambio de orientación que ha hecho el AMB en los últimos años en cuanto a su papel en la gestión de los residuos municipales. Hasta ahora, el AMB y los dos programas de gestión de residuos anteriores hacían principalmente la planificación de las instalaciones y algunas actuaciones de prevención. A partir del nuevo programa, el AMB adopta un papel como promotor y líder de un proceso de cambio en todos los municipios y establece una hoja de ruta a seguir por los municipios para garantizar los objetivos del programa.

  1. ¿Cuáles son sus puntos clave?

El principal rasgo distintivo del PREMET25 es el cambio de foco desde el tratamiento hacia la recogida y, más concretamente, la individualización de la recogida. Sin una buena recogida no se podrá llegar a los objetivos que nos marca Europa.

De manera homogénea, la recogida selectiva está estancada en todos los municipios desde hace demasiados años y hay un consenso muy amplio en el hecho de que hay que cambiar el modelo de recogida.  Hasta ahora, los sistemas de recogida más extendidos pivotan sobre contenedores disponibles las 24 horas del día donde la ciudadanía participa (o no) en la recogida selectiva de manera anónima y en una comunicación que insta a la ciudadanía a hacerlo apelando a valores, como por ejemplo la protección del medio ambiente. Pero hay un consenso muy amplio en el hecho de que este modelo está agotado.

Por eso, la clave del PREMET25 es el Acuerdo metropolitano por el residuo cero, adoptado con todos los municipios, por el cual se comprometen a desplegar en sus territorios sistemas de recogida individualizada no más tarde del año 2025: ya sea a través del puerta a puerta o de innovaciones tecnológicas como los contenedores inteligentes que rompen con el anonimato para crear incentivos complementarios para separar.

También hay dos aspectos clave que toman mucha importancia en el nuevo programa: la gobernanza y la educación ambiental. Se tienen que articular nuevos mecanismos de gobernanza que hagan posible desplegar el nuevo sistema y lograr los objetivos. Por otro lado, tanto desde el AMB como desde la Agencia de Residuos de Cataluña hay el compromiso de financiar el coste del cambio de sistema y de dar apoyo técnico y político.

En cuanto a la educación ambiental, en los anteriores programas jugaba un papel auxiliar pero en este se convierte en uno de los cinco ejes de actuación principales, reconociendo el papel que tiene en cualquier cambio de modelo.

  1. ¿Cuáles son los objetivos que se quiere lograr con el PREMET25? ¿Cuál cree que es el principal reto o retos que marcan la barrera entre lograr los objetivos y no lograrlos?

El objetivo principal del programa es incrementar la recogida selectiva y, de paso, reducir la huella de carbono del sistema metropolitano de gestión de residuos. Actualmente, el principal problema ambiental es el cambio climático y el PREMET25 también tiene que contribuir a mitigarlo.

La clave es conseguir que de aquí a 2025 los municipios desplieguen un nuevo modelo de recogida individualizada. Si superamos este reto, estamos seguros de que los niveles de recogida selectiva aumentarán mucho. De momento, hemos conseguido que la gestión de los residuos entre en la agenda política y ahora hace falta que el cambio se haga efectivo en cuantos más municipios mejor.

En paralelo, se tiene que hacer un esfuerzo didáctico y comunicativo muy importante: la población tiene que entender y aceptar los cambios en la recogida. Y bajo ningún concepto los residuos se pueden convertir en una arma política o en una batalla partidista, este también es uno de los principales retos.

  1. ¿Cuál es el porcentaje actual de recogida selectiva en el AMB? ¿Qué se espera conseguir el 2025 con la aplicación del nuevo PREMET?

El año 2018 fue del 35,6% pero con una gran variabilidad entre municipios. Hay municipios (5 o 6 según el año) que ya están por encima del 50%, dos de ellos con sistemas de recogida puerta a puerta. En el resto hay de todo, algunos que apenas llegan al 20%.

El PREMET25 habla de lograr un 55% de reciclaje en 2025, pero no nos marcamos tanto el objetivo de llegar a un porcentaje concreto sino que lo que priorizamos es el cambio del modelo de recogida que comportará un salto en los niveles de recogida. El objetivo, en definitiva, es hacer el cambio. A partir de aquí seguiremos mejorando las tasas de reciclaje.

  1. Además de los aspectos directamente relacionados con la prevención, recogida y tratamiento de los residuos, el PREMET25 también contempla ámbitos como la educación o la gobernanza como comentabas al inicio de la entrevista. ¿Cuál es el enfoque de estos dos ejes?

La transición hacia un nuevo sistema de recogida se enmarca en un cambio de paradigma a escala europea donde conceptos como la economía circular o la consideración de que los residuos son recursos toman mucha importancia. Hace falta una adaptación de las actividades educativas a estas nuevas necesidades. También hace falta un cambio en el modelo de comunicación: tenemos que ser capaces de llegar a la ciudadanía, de hacerle comprender los nuevos términos o conceptos y quizás usar nuevos recursos, como los interactivos, que hasta ahora han estado poco presentes.

Por otro lado, en cuanto a la gobernanza, implica un cambio en la relación del AMB con los diferentes actores. Requiere definir espacios que hasta ahora quizás no han sido necesarios, hay que definir procesos participativos, implicar a la sociedad civil, resolver sus dudas… También es importante abordar el hecho de que el marco metropolitano establece diferentes competencias (los ayuntamientos recogen los residuos y el AMB los trata) y que ahora habrá que trabajar de forma compartida.

  1. En el marco del Programa se ha puesto en marcha un proceso participativo, ¿como funciona? ¿Quién puede participar y cuál es el objetivo del proceso?

La participación ha estado muy presente desde el principio en la elaboración del Programa. En una primera fase se creó un consejo de participación con unas 100 personas representantes tanto del Área Metropolitana de Barcelona, la Diputación de Barcelona, la Agencia de Residuos de Cataluña, universidades, consultores, entidades ecologistas, sociedad civil… Todas estas personas participaron en seis sesiones de trabajo temáticas, organizadas de manera sectorial, y de las cuales surgieron diferentes propuestas. Estas propuestas, sumadas a las internas del AMB, se han incorporado al PREMET25. Además del consejo, también se habilitó una plataforma web de participación usando un software libre del Ayuntamiento de Barcelona. En esta fase de participación pública cualquiera ha podido opinar y el objetivo ha sido recoger el máximo de aportaciones del máximo de voces.

Además, se constituirá un Consejo que será el espacio donde la sociedad civil podrá  hacer el seguimiento del programa y las revisiones que se puedan producir durante su vigencia.

  1. ¿Qué beneficios se producirán en nuestras ciudades con el despliegue del nuevo modelo?

En paralelo a la redacción del PREMET25, hemos elaborado una serie de estudios que nos han permitido saber que se pueden crear entre 1.000 y 1.500 puestos de trabajo con el nuevo sistema que queremos implantar. Además, sería ocupación de proximidad y en el contexto de la economía verde. Otros beneficios que puede aportar son de carácter económico, puesto que gestionar residuos muy separados es más barato e implica una reducción del coste en la recogida y el tratamiento. Es decir, podemos tener un coste menor con una mayor ocupación.

En el ámbito ambiental, hemos calculado que la huella de carbono se puede reducir en unas 270.000 toneladas anuales de CO2.

  1. ¿Cómo te imaginas la gestión de residuos municipales metropolitana en un futuro?

Creo que ahora estamos en un momento de transición y tendríamos que hacer una reflexión y asignar correctamente las responsabilidades entre los diferentes actores: administración, ciudadanía y empresas.

La gestión de residuos actual tiene sus orígenes en la necesidad de dar una respuesta a cuestiones de limpieza y salubridad de las ciudades, por eso la recogida es una competencia municipal. Pero este sistema inicial coexistía con una economía circular (cuando todavía no existía el término) con poca producción de residuos y con una red de traperos que recuperaban los materiales que se producían. En cuanto a la materia orgánica, hasta el año 1964 era habitual que los basureros criaran ganado con los restos de cocina. Cuando esto se prohibió, apareció el primer problema de qué hacer con los residuos. Además, los años fueron pasando y se extendió la cultura de usar y tirar que hizo crecer la producción de residuos, que siguieron siendo gestionados por los municipios.

Ahora estamos ante un nuevo paradigma. Con la importancia de los aspectos ambientales, cambia el papel que tienen que tener los diferentes actores y también cambian las responsabilidades que tienen que asumir.

En un futuro pienso que tenemos que ir hacia un sistema en que la responsabilidad de las administraciones públicas y de los productores quede claramente definida. Actualmente, la administración asume la mayor parte del coste de la gestión de residuos, y esto no puede ser porque de alguna manera crea subsidios para las empresas más ineficientes. El coste de la gestión de los residuos provenientes de productos al final de su vida útil lo tendrían que asumir los productores. Y por eso, hay que ampliar la responsabilidad del productor.

Para mí lo ideal sería que en un futuro la administración solo se encargara de la fracción orgánica. El único residuo que producimos queramos o no es el orgánico. El resto de residuos son culturales y tienen un responsable. La mayor parte de los residuos son residuos de productos y tienen el origen en empresas que han tomado decisiones sobre qué fabricar, de qué manera, cuánto durará y como distribuirlo… quién toma todas estas decisiones también tendría que decidir qué hacer al final de la vida útil de sus productos y hacerse responsable desde un punto de vista económico.

Por ejemplo, tendría que haber sistemas de depósito y retorno, pero no solo con los envases, también con las pilas, la ropa… y así iríamos vaciando los contenedores. Hay que encontrar los canales más eficientes de recogida para todo aquello no orgánico y poderlo reciclar.

Me gustaría también que en un futuro desapareciera el concepto residuo, porque el sistema pudiera capturar los objetos al final de su vida útil de una manera más eficiente.