Hablamos con el ambientólogo Pere Sala i Martí, actual director del Observatorio del Paisaje de Cataluña. Conocemos su trayectoria, su proyecto profesional actual y su experiencia como miembro de la Junta del COAMB.

1. Ya hace 14 años que trabajas en el Observatorio del Paisaje de Cataluña, los dos últimos como director. ¿Qué es el Observatorio y cuáles son sus retos?

El Observatorio del Paisaje de Cataluña es un consorcio público adscrito al Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat de Cataluña que tiene el objetivo de colaborar con la administración en la aplicación de la Ley del paisaje de Cataluña, y concienciar a la sociedad en general sobre la diversidad de los paisajes de Cataluña y sus valores. Desde el principio se concibió como un proyecto colectivo, inclusivo y transversal, con una importante capacidad de generación de conocimiento y de creación de sinergias, complicidades e interdependencias, desde la proximidad y la experiencia cotidiana. En catorce años hemos hecho mucho trabajo y muy diverso, en colaboración con muchos actores y mucha gente del territorio, y con la complicidad de muchas administraciones.

2. Y en cuanto a tu trabajo, ¿cuáles son las principales tareas del director del Observatorio?

Ser director significa acompañar y a la vez formar parte de un equipo de trabajo. Tengo el privilegio de colaborar con un gran equipo humano y técnico que entre todos intentamos lograr los objetivos y retos que nos trazamos anualmente. Cada año aprobamos un Plan de trabajo que tiene como retos los que he mencionado antes y los de seguir asesorando a la administración (a todos los niveles), consolidarnos como un punto de encuentro entre amplios sectores de la sociedad (académico, político, profesional, social, cultural, económico), detectar y promover el debate sobre temas emergentes, o incluir prioridades paisajísticas en la agenda política.

3. Y antes, ¿cuál es tu bagaje profesional?

Entre los años 2003 y 2005, poco antes de integrarme en el Observatorio del Paisaje, trabajé en el Departamento de Medio Ambiente y Vivienda (actual Departamento de Territorio y Sostenibilidad) de la Generalitat de Cataluña en la aplicación de la evaluación ambiental de planes y programas en Cataluña y en la promoción de políticas de sostenibilidad en el ámbito local. Tengo un muy buen recuerdo de aquella etapa, fue un auténtico aprendizaje. Previamente había trabajado como asesor ambiental para administraciones y empresas, desde el 1999 hasta el 2003. Durante los primeros años los ambientólogos hacíamos mucha pedagogía a la administración y al sector privado sobre los retos ambientales que afrontábamos -y afrontamos- como sociedad y sobre la importancia de confiar en los nuevos profesionales del medio ambiente que estaban saliendo de las primeras promociones y empezándose a incorporar al mercado de trabajo.

4. ¿En qué universidad estudiaste Ciencias Ambientales? ¿Cómo decidiste los estudios que querías cursar?

Me formé en la Universitat Autònoma de Barcelona. Diría que el origen de mi interés por las Ciencias Ambientales proviene del lugar donde he vivido la mayor parte de mi vida. Me explico: yo nací y crecí en Sant Feliu de Guíxols, y mi infancia y la adolescencia estuvo siempre muy ligada al macizo del Ardenya. Es un espacio litoral que siempre me ha cautivado, y fue el primer paisaje con el que dialogué. El descubrimiento de los valores de este rincón de Sant Feliu de Guíxols y de la Costa Brava en general fue, seguramente sin ser demasiado consciente inicialmente, el origen de mi interés por lo que acabé estudiando y a lo que me he acabado dedicando profesionalmente. Cuando descubrí que existía una licenciatura donde podría conciliar mi pasión y curiosidad por descubrir territorios y las relaciones que los humanos establecemos, con una formación cualificada, global e interdisciplinaria para abordar los retos ambientales del mundo contemporáneo, no me lo pensé dos veces.

5. ¿Cómo te imaginabas tu futuro laboral cuando estabas en la universidad?

Sinceramente, lo vivía con una enorme ilusión y me parece que era muy poco consciente de qué me encontraría cuando acabara los estudios. Durante los estudios definí mi itinerario hacia el análisis y la gestión territorial, esta era la única cuestión que tenía clara en aquel momento. También recuerdo que me despertaba más interés trabajar en la administración, a pesar de que inicialmente no fue así, al contrario: dos años después de licenciarme montamos una pequeña consultora ambiental con dos compañeros -y amigos- de la promoción, Diana Lledó y Jordi Cabot. No fue hasta unos años después, como decía antes, que me incorporé al Departamento de Medio Ambiente y Vivienda, y el 2005 al Observatorio del Paisaje de Cataluña.

6. Durante unos años estuviste implicado en la Junta del Colegio. ¿Qué te aportó esta experiencia?

Formé parte de la Junta del COAMB entre los años 2008 y 2012, coincidiendo con las presidencias sucesivas de Sergi Cantó y de Arnau Queralt. Los dos primeros años fui vocal de Comunicación Externa y los dos últimos vocal de Relaciones Institucionales. Había ilusión, ambición, teníamos un montón de proyectos sobre la mesa que a menudo desbordaban todas nuestras posibilidades como equipo, pero no renunciábamos a intentarlo ni a ir ganando pequeñas batallas. Siempre estaré agradecido a la confianza recibida y a haber podido participar en estos cuatro años tan importantes para la consolidación del Colegio.

7. ¿Qué dirías a los compañeros y compañeras de profesión para que se animaran a participar en el Colegio?

Los cuatro años de colaboración supusieron una experiencia realmente enriquecedora tanto profesional como personalmente, y que recomiendo hacer en algún momento. Trabajar desde el COAMB también era –es- una manera de transformar la realidad y apostar por un modelo de sociedad y de país.

8. Y a los jóvenes que apenas empiezan los estudios de Ciencias Ambientales, ¿qué consejos les darías?

Vivimos un momento clave para el futuro del planeta, donde los recursos naturales, la sostenibilidad, o el cambio climático juegan un papel decisivo en el futuro de las próximas generaciones. No tengo ninguna duda que los nuevos estudiantes de hoy tienen la visión crítica, el rigor, la valentía para buscar y defender el interés colectivo, y la habilidad para construir espacios de diálogo y participación desde la transversalidad y la interdisciplinariedad. Tampoco les debe faltar la ilusión, la motivación, y la pasión para formarse adecuadamente, ni tampoco el compromiso para apelar a nuestras instituciones (a todas las escalas, desde los ayuntamientos hasta las instituciones internacionales) y a los sectores empresariales para que asuman con la máxima determinación posible los desafíos ambientales que afrontamos como sociedad y como planeta, cada cual desde su lugar, su posición, y con sus posibilidades.